El Ágora de Alhaurín

  • Diario Digital | domingo, 19 de enero de 2020
  • Actualizado 14:18

CELEBRADO EL ACTO INSTITUCIONAL DE HOMENAJE A NUESTRA CARTA MAGNA DE 1978

Villanova recuerda la Constitución fue posible gracias al consenso político y al diálogo

El regidor hace una encendida defensa del texto constitucional y critica a “los insolidarios que ponen en tela de juicio el Estado Social y Democrático” nacido hace 41 años, basado en la libertad y la igualdad. [Álbum] 
Foto: A.D. / El Ágora
Foto: A.D. / El Ágora
Villanova recuerda la Constitución fue posible gracias al consenso político y al diálogo

Como cada 6 de diciembre, Alhaurín de la Torre ha acogido una solemne celebración en la plaza del Ayuntamiento con motivo del Día de la Constitución. "La unidad de España y la igualdad de la ciudadanía española", según ha destacado el alcalde, Joaquín Villanova, son dos de los pilares fundamentales del Pacto entre todas las fuerzas políticas aprobado hace ahora 41 años. Una unidad, ha calificado el primer edil "que, tal como demuestra la experiencia, todo lo que hemos conseguido ha sido gracias al diálogo y al acuerdo político". Igualmente, ha calificado como peligroso "alentar y seguir con un discurso rupturista, revolucionario y antisolidario que pretende poner en tela de juicio el Estado Social y Democrático que se creó en 1978".

El regidor ha defendido a ultranza la Constitución Española al "marcar un antes y un después gracias a la labor de sus precursores, empezando por el Rey Emérito Don Juan Carlos y el Presidente Adolfo Suárez". Durante el acto, junto al Alcalde han estado gran parte de los ediles de la Corporación Municipal y autoridades y representantes de Policía Local, Guardia Civil, Bomberos, Protección Civil, hijos adoptivos del municipio y miembros de colectivos y asociaciones de Alhaurín de la Torre.

Según la tradición de cada 6-D, el acto ha comenzado con la actuación de la Banda Municipal de Música de Alhaurín de la Torre, que ha interpretado el himno nacional durante el izado de la bandera. A continuación, el alcalde ha pedido celebrar un minuto de silencio en recuerdo del recientemente fallecido Antonio Sáez, Hijo Adoptivo de la Villa, razón por el que el pasado 3 de diciembre se decretó un día de luto oficial en el municipio. Tras este emotivo momento, el regidor ha iniciado su discurso en el que ha definido la Constitución como aquella que "nos ha definido como lo que somos hoy, un país moderno, abierto y tolerante. Y a pesar de las dificultades que hemos tenido, estos 41 años han sido, sin duda, los mejores de nuestra historia reciente". Asimismo, el regidor ha defendido la moderación como la mejor opción porque "lo peor es la división y la radicalización de la sociedad" y ha hecho un llamamiento para que los jóvenes mantengan aquello que consiguieron las generaciones anteriores y que han hecho que ellos disfruten de la modernización de la economía, servicios sociales, libertades, pensiones universales y públicas y la cohesión social que caracteriza a nuestro país.

Otro de los temas defendidos por Villanova ha sido el modelo territorial "Ya que el sistema autonómico tiene muchos detractores en la actualidad y en vez de debilitarse hay que aprovechar esta situación para mejorarlo y dialogar". Dentro de ese diálogo, el primer edil ha recalcado que "se puede hablar de todo pero siempre dentro del marco constitucional y sin traspasar líneas rojas". Antes de finalizar su intervención, el regidor ha hecho un llamamiento para que la mayoría del arco parlamentario llegue a un acuerdo.

Tras la discurso del discurso institucional, la Banda de Música ha interpretado varias piezas musicales ante la atenta mirada de numerosos vecinos y vecinas a título particular y representantes de los colectivos y asociaciones, que no han querido faltar al solemne acto.

DISCURSO ÍNTEGRO

Celebramos otro 6 de diciembre, y ya son 41 años de forma ininterrumpida, para conmemorar la llegada de la Constitución que inauguraba una nueva época para España. Comenzaba aquel día el periodo más largo de libertad y democracia en nuestro país, algo nunca antes conocido, pese a los siete intentos constitucionales que acumula la historia de España desde 1812, una de las efemérides decisivas en el devenir histórico de la Nación, pues coincide con la aprobación de la Constitución emanada de las Cortes de Cádiz, 'La Pepa'. Esta Carta Magna marcó un antes y un después, pese a su brevedad, en los acontecimientos posteriores de los convulsos siglos XIX y XX y fue de una extraordinaria influencia para la Europa y para la América de las generaciones posteriores.

A estas alturas, a nadie escapa que nuestro país, España, ha gozado de una innegable estabilidad en estos últimos 41 años que debemos preservar a toda costa. Y me voy a explicar con toda claridad: Para nosotros, autoridades municipales, y para el resto de poderes públicos e instituciones, es imprescindible hoy más que nunca recordar a las personas que hicieron posible aquella modélica Transición y el posterior proceso constituyente, empezando por el Rey Emérito Don Juan Carlos, que fue su gran inspirador junto al Presidente Adolfo Suárez.

Las generaciones que no vivieron aquellos años apasionantes, en teoría, han sido conscientes de la generosidad y grandeza que derrocharon los políticos de uno y otro signo a quien se les encomendó la tarea de redactar un texto legal en el que todos los españoles pudiesen sentirse debidamente representados. Y en el que todos pudieran sentirse amparados.

Sin duda aquel fue un momento excepcional. Es cierto que los españoles más jóvenes no han tenido la suerte de participar de aquella ilusión colectiva, pero sí la de disfrutar todo lo bueno que nos ha traído la Constitución. Nos ha traído una España plenamente democrática y reconocida como tal, en todo el nundo. Nos ha traído Europa, con sus políticas de cohesión, con el euro, con la apertura al exterior. Nos ha traído la modernización de nuestra economía, la expansión de nuestras empresas. Hoy tenemos también unos servicios sociales que jamás habían existido en la historia de España y que en otros países son sencillamente inimaginables. Sanidad, Educación y Pensiones Universales y públicas. La descentralización política, la estabilidad política e institucional, las libertades, la cohesión social.

En definitiva la Constitución de 1978, votada por una inmensísima mayoría de ciudadanos de toda España, nos ha definido como lo que somos hoy: un país moderno, abierto y tolerante. La Constitución no es un corsé que nos impide movernos, es el marco donde las libertades y los derechos de cada español, encuentran su acomodo y su amparo. Y a pesar de las dificultades que hemos tenido, estos 41 años han sido, de lejos, los mejores de nuestra historia reciente. Por eso quiero rendir un homenaje a quienes hicieron posible la Constitución y a quienes desde distintas posiciones políticas han trabajado para preservarla y para desarrollar toda su potencialidad en beneficio de los españoles.

Pero hoy, por desgracia, se ha puesto de moda una frase terrible, instalada en buena parte de la izquierda más radical, entre los partidos separatistas y entre esa amalgama extraña que se hace llamar anticapitalista: la frase en cuestión alude al supuesto ‘Régimen del 78’ y encierra una teoría disparatada en la que se habla de que la Transición fue una gran mentira y solo propició la perpetuación del espíritu del franquismo encarnado en la figura del Rey Don Juan Carlos. 

En otras palabras: Mientras una inmensa mayoría de españoles recuerda en un día como hoy a los héroes que pilotaron el paso de dictadura a Democracia sin derramamiento de sangre y alaban la capacidad de cambiar todo un aparato administrativo, legal, judicial y político anquilosado y con recelos al avance hacia un nuevo sistema político moderno, europeo y avanzado, pasando ‘De la Ley a la Ley’, una minoría se ve con el derecho de retorcer la Historia y minusvalorar esta nuestra Constitución, que fue objetivamente, la guinda de un proceso modélico de Transición, en el que hubo generosidad y altura de miras por parte de personas que no pensaban igual.

Es peligroso, a mi juicio, alentar y seguir con ese discurso rupturista, revolucionario, antisolidario y que pretende poner en tela de juicio cualquier validez del Estado Social y Democrático de Derecho que nos dimos en 1978, pero también pienso que es igual de peligroso dar rienda suelta a la opción diametralmente opuesta: la que recuerda a tiempos pasados, la que aprovecha para lanzar mensajes radicales con un tufo ultranacionalista español y con consignas inaceptables acerca de la inmigración, el feminismo y otras cuestiones que creíamos más que superadas. Todos los extremos son igual de malos y los moderados los observamos con preocupación.

Cuando se aprobó la Constitución se tenía claro lo que se quería: VAMOS A MIRAR AL FUTURO, sin entretenernos en mirar al pasado o a aquel presente complicado de los años 70. Aquella generosa generación logró su objetivo, dejar una España mejor. Pues les puedo asegurar que esa es la senda a seguir, y ahora, los jóvenes tienen la obligación de mejorar ese legado y conseguir un futuro mejor, pero mal vamos si comenzamos mancillando el pasado.

Algunos políticos de vez en cuando recurren a esa salida de reformar la Constitución, y debo advertir que antes de iniciar ese viaje, sería oportuno saber qué se quiere reformar y a dónde queremos llegar. Porque hay unas posiciones muy claras que tiene la mayoría del pueblo español, que son: la unidad de España, la soberanía nacional y la igualdad de derechos de todos los españoles sin excepción. Y eso ahora mismo es intocable con las actuales leyes, salvo que 3/5 partes del Congreso se pongan de acuerdo.

La experiencia nos demuestra que todos los avances en nuestro país han sido fruto del diálogo y el acuerdo político. Y elegir otro camino que no sea la concordia y el consenso nos abocará a un precipicio con un mal final, porque nos debilita a todos y cada uno de nosotros. 

Porque lo peor no es que algunos quieran derribar el Estado, que es fuerte y va a seguir siéndolo, con leyes claras al respecto. Lo peor es la división y radicalización de la sociedad, Eso es lo que no podemos permitir.

Ante este panorama de convulsión social en algunos puntos de España, las instituciones democráticas están actuando y lo seguirán haciendo. No nos va a temblar el pulso, desde la moderación y la proporcionalidad, en la defensa de la democracia, el Estado de Derecho y las libertades de todos, pero dentro siempre de la ley, que es lo que algunos de esas minorías incendiarias no quieren cumplir. 

Otro mensaje que quiero lanzar es que nuestra Carta Magna de 1978 garantiza la unión del territorio nacional, le pese a quien le pese, y esto lo votó la amplia mayoría de la sociedad española de 1978, incluyendo a todos los catalanes y los vascos. 

Cualquier consulta que pase por redefinir la configuración del Estado Español tiene que pasar por una reforma constitucional votada por todos los españoles es decir, señoras y señores por los 47 millones de españoles. 

En concreto, comprobamos con estupor que sigue habiendo furibundos personajes que persisten en imponer la secesión de Cataluña mediante actos contrarios a la Constitución y a las leyes. Así que una minoría de una parte de España, sin respetar el Estado constitucional de Derecho y con técnicas de golpe de Estado, a mi juicio, recubiertas de falsas apelaciones democráticas, decida unilateralmente sobre algo tan grave como romper un país democrático y profundamente descentralizado con más de quinientos años de historia, imponiéndose al conjunto del pueblo español. Visto con más perspectiva, si este escenario se hiciera realidad sería un desastroso precedente que acabaría siendo letal incluso para la Unión Europea.

Haciendo por ahora abstracción de causas, errores y responsabilidades por las que hemos llegado hasta aquí, lo cierto es que las instituciones catalanas han dado ya más que sobradas muestras de incumplimiento de obligaciones legales y constitucionales, generando una profunda crisis que se ha convertido en gravísima amenaza para la integridad territorial y los intereses generales de España. 

A los demócratas y constitucionalistas nos irrita mucho que los mismos que ponen en peligro la convivencia en Cataluña y quieren someter a su antojo a más de la mitad de sus ciudadanos, encima tengan luego la desfachatez de tirar de victimismo. Y estos personajes deben saber que el Estado no amenaza como ellos sí lo hacen por cumplir la ley. Lo que hace el Estado de Derecho es tomar decisiones para protegernos de los propios incumplidores de la ley, de ellos. El Estado de Derecho nos protege a todos, protege los derechos y libertades de todos los ciudadanos de aquellos que los incumplen. Eso en cuanto a la mal llamada ‘cuestión catalana’, pero no es lo único preocupante.

Apuesto decididamente por un pacto constitucionalista, donde se concentre la moderación y el respeto por los derechos y libertades fundamentales emanados de nuestra Carta Magna, y que ya en 1812 fue la envidia de media Europa y fuente de inspiración de toda Latinoamérica.

Como contrapunto, me escandaliza enormemente comprobar que hasta la Corona y la figura del Rey quiere ser pisoteada y destruida por los enemigos de España y de la Constitución, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, como diría el castizo. Tirando de refranero, se diría que esos oportunistas quieren ganancia de pescadores a río revuelto. 

Y es que buena parte de lo que acabo de contar, el futuro de España como Nación y su sistema político de Monarquía Parlamentaria, ha derivado en otra cuestión paralela: la del modelo territorial. El sistema autonómico, que durante unos años se mostró efectivo y aceptado por la mayoría de la población, tiene muchos detractores actualmente, y eso es una debilidad, porque no se aprovecha para intentar dialogar y mejorarlo, sino para dinamitarlo y, de paso, llevarse por delante un país con cientos de años de Historia conjunta.

Llegados a este punto, insisto en un argumento que, como alcalde y como persona moderada, siempre he propuesto y ya he dicho en varias ocasiones: Se puede hablar de todo, por supuesto, pero siempre dentro del marco constitucional, la norma máxima del Estado y sin traspasar líneas rojas. Yo desde aquí hago un llamamiento para que la inmensa mayoría del arco parlamentario se ponga de acuerdo. Se puede reformar si se sabe qué se quiere reformar. en ningún caso debe hacerse con menos apoyo que el que se aprobó. 

Por último, de un modo u otro, por encima de divergencias o dificultades, lo esencial es que merece la pena seguir trabajando día a día por nuestra Constitución.

Merece la pena seguir defendiendo sus principios y sus valores.

Merece la pena salvaguardar su espíritu de concordia: el que nos anima a dialogar para superar los conflictos, a preferir el acuerdo a la confrontación, a impulsar reformas en vez de fracturas.

Merece la pena seguir teniendo vocación de servicio público para trabajar por tu barrio, por tu pueblo, por tu provincia, por tu Comunidad Autónoma y por tu país. Y hay que hacerlo todos los días, sin complejos y sin hacer caso a los ruidos estridentes de un extremo y del otro. Porque el movimiento se demuestra andando y porque hay políticos que nunca perderemos el sentido común, la moderación, el respeto y las ganas de trabajar por toda la ciudadanía, sin exclusiones ni frentismos absurdos.

Muchas gracias por vuestra atención y gritad conmigo:

¡Viva la Constitución!

¡Viva España!

¡Viva Andalucía!

¡Viva Alhaurín de la Torre!