• Diario Digital | Domingo, 20 de Mayo de 2018
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Los Reyes del Mambo o el Jamón de Bellota Navidul a 69 € el kilo

Los Reyes del Mambo o el Jamón de Bellota Navidul a 69 € el kilo

reyes-del-mambo1Nadie mejor que el Grupo Navidul ha sabido aprovechar, en su última campaña publicitaria jamonera de Navidad, una de las disciplinas deportivas con mayor número de adeptos y simpatizantes de nuestro país, me refiero a la corruptela de personas, siendo lo realmente asombroso del guion de esta campaña el uso de un pensamiento que normaliza y banaliza los comportamientos corruptos, pensamiento que ha terminado calando sigilosamente desde el Lazarillo de Tormes hasta nuestros días, gota a gota, caso a caso, en nuestro ADN nacional.

Este fenómeno de normalización de la corrupción ha llegado a tal punto que los comportamientos y actitudes corruptas hace tiempo que dejaron de ser hechos aislados, propios de algunos batracios marginales, para convertirse en algo cotidiano y desprendido de todo complejo, algo que hasta el padre de un alumno es capaz de hacer inocentemente, aunque tenga que pagarle a su hijo un psicólogo hasta los treinta y cinco, eso sí, que todo sea por un buen jamón de bellota Navidul.

El anuncio del jamón de Navidul solo ratifica lo que ya es norma y costumbre integrada en una sociedad genuinamente materialista y consumista, no hace sino recoger un pensamiento tan extendido como admitido: una bajada de pantalones puede, en determinadas circunstancias, proporcionarnos algún tipo de beneficio, aunque sea a costa del sistema, es decir, de nuestro prójimo.

Esta metamorfosis del término corrupción hacia la generalización y la levedad ha sido ya incluso aprovechada como objeto argumental en la defensa de ciertos partidos políticos, algunos con responsabilidad de gobierno, implicados en tramas corruptas. La verdad es que la corrupción política se ha convertido en un fenómeno social, común y familiar, algo que ya no nos asombra, algo que ha dejado de ser noticia y que ni siquiera incide decididamente en nuestra intención de voto.

El desprestigio de los políticos, en este sentido, ha sido absoluto y resulta lamentable que demos por hecho que un político es un presunto culpable hasta que no pruebe su inocencia, todo lo contrario a la naturaleza garantista de nuestro Estado de Derecho, donde la presunción de inocencia nos preserva de linchamientos que pueden ser equivocados conforme a derecho, pero es que no nos faltan motivos.

Qué bonitos eran aquellos tiempos, si alguna vez existieron, donde la integridad del pensamiento individual, como norma moral, se anteponía a cualquier rédito político o beneficio lucrativo personal. Qué bien queda ser políticamente correcto a cambio de una contrapartida interesada, aunque con ello dejemos de ser honestos. Qué lástima que la política se haya convertido en ese campo cenagoso y putrefacto donde la post-verdad se impone como relato oficial.  

Ante este panorama moralmente tan desangelado, surge la siguiente pregunta ¿somos los españoles tontos, no somos acaso conscientes de que la corrupción acaba, de alguna u otra manera, afectando a todos, incluso al corrupto?, yo respondo que no, los españoles somos muy listos, a veces tan listos y tan avariciosos que acabamos firmando preferentes sin más dilación, el cortoplacismo nos nubla la mente y nos convierte en yonkis del camino fácil y la corrupción política y moral se nos presenta como esa puerta amplia y generosa que hará de nosotros, ingenuamente, los Reyes del Mambo.

¿A quién queremos engañar?

Alberto Sánchez