• Diario Digital | Jueves, 17 de Agosto de 2017
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Tócala Sam, déjame recordar

Humphrey Bogart e Ingrid Bergman
Humphrey Bogart e Ingrid Bergman
Tócala Sam, déjame recordar

Pero…como todos sabemos ‘el amor’ vuelve a resurgir en los tiempos de cólera, de guerra, de hambruna… “Tócala Sam, déjame recordar”, pronunció esa extraordinaria actriz que fue Ingrid Bergman, de rostro dulce y sincero, quien atrae al corazón humano de hombres nobles, de buenos sentimientos y que se crecen con la dificultad y la distancia.

“Casablanca” (protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, que muy posiblemente la gente  la recuerde con la frase ‘Tócala otra vez, Sam’, pero que, en realidad, se trata de una frase que no forma parte del guion), film de nuestro pasado siglo XX, quien sirvió de mito del amor romántico en tiempos de guerra y otros horrores. Él, soñador y vividor; ella, noble y lejana.

Porque, evidentemente, hemos de pensar que, existen y en el siglo XXI, un tipo de mujeres que si dicen “te amo”, desde luego, aman sin ambages; que emiten luz propia y enamoran y eligen a su manera; que pueden y deben abandonar a sus maridos si éstos se lo  merecen- caso de la violencia de género-, y que saben respetar las leyes del amor humano (y del divino), si los hombres y ‘El Amor’ respetan las suyas. “Se acabó la esclavitud para siempre…”, así se expresan innumerables hijas de Eva en la actualidad. Y razón tienen para manifestarse de esta manera

Entendemos que en el siglo XX, el amor se separa principalmente de la pasión, convirtiéndose en simple sexo. Sexo patético, dominante, ardimiento de los seres humanos, que viven el momento placentero sin perdurar en el tiempo…

Un vientre llamado Amor, amor que se traduce en un ser humano que lleva dentro… toda mujer que se encuentre en estado de buena esperanza. Y es que el amor es algo vivo, es vida, es sentimiento elevado a la enésima potencia, es entrega en todos los ámbitos de la vida, y sobre todo, es mutuo respeto entre dos personas que se quieren y, porque no decirlo, se desean para el resto de sus vidas, alcanzado ambas cumbres con el matrimonio…Este amor suele llegar a crear un ser vivo sobre la tierra: niño o niña, qué más da…

El imperio de la fuerza siempre ha prevalecido sobre la mujer. “A medida que el hombre conquista el mundo-ha comentado Susan Brownmiller-, también se apodera de la mujer.” Hemos de entender que la esclavitud fue un asunto de racismo-en el más amplio sentido de la palabra-de los hombres blancos hacia los negros, pero también constituyó una dominación del hombre blanco sobre la mujer de raza negra. La raza negra siempre llevaba las de perder, y uno no sabe por qué…

Ahora habla ‘La Poesía’ que nunca traiciona a los amantes, y nos dice: “Por amor se muere, /por amor se vive. / No corras…y vete despacio, / tranquilizando tus febriles arrebatos. / ¡Debes calmarte! …ahora mismo. / Vete despacio…un instante. / Que tu caricia sea suave y placentera, /pues siento las mil delicias terrenales. /Déjame recuperar fuerzas…/Ahora soy mujer para siempre, / y tú-¡hombre de Dios!-, / hecho a su imagen y semejanza. Poema: “Entrega”, del que suscribe.

Uno sabe y entiende que ‘violar es matar’ el cuerpo y el alma de cualquier mujer (y  el de un hombre también), y mancillar su género: cuerpo y alma, alma y cuerpo convertidos en mujer-objeto. ¡Qué Dios las conserve en la gloria! a nuestras mujeres .Sangrando dolor femenino de ese corazón inmenso que poseen todas ellas, que son los seres más maravillosos creados en nuestro universo… El sufrimiento de muchas mujeres se traduce en su propia muerte…, a manos de esos hombres que entienden que las mujeres son de nuestra propiedad: ¡Nada más lejos…!

“Pasan los días, se vienen los meses, y mi lágrimas negras ya de tanto llorar, me aconsejan que me marche de mi casa, y deje a mis dos hijos del alma–polluelos aún– solos. Mi esposo me pega todos los días. Parece ser que… es por costumbre, por afán de maltratar por maltratar, por afán de superioridad, por fuerza bruta–de lo cual doy fe de que la posee…–, y estoy amenazada de muerte”, así rezaba una misiva que recibí de una buena amiga de mi juventud, de estudios que cursamos juntos. Su nombre es (?): delicada, preciosa, inteligente y sufridora donde las haya… Está viviendo su historia, ahora y no antes, su historia del miedo de las mujeres ante los hombres, y con su corazón dentro de las tinieblas –sangrando dolor–ante la falta de protección en la que se encuentra…

No me nombró el lugar de su próxima residencia, pero cualquiera que sea el sitio donde se halle, sabe uno que, para ella, será como la propia “Gloria bendita”: a ciencia, y no me equivoco, mi compañera de estudios se encuentra sembrando su libertad sexual, para no ser maltratada nunca jamás.

En cualquier caso, el amor es algo maravilloso. Se siente, se desea, se desea, se admira a la chica/o de los ojos verdes que todos los muchachos/as llevan en lo más profundo de sus corazones. Ruben Darìo (gran poeta) canto a la juventud–como nadie–cuando dijo: “Juventud divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! [...]”.

Nuestras mujeres son violadas y torturadas por propios y extraños, que muchas veces se quedan en el anonimato por temor a las represalias. Tienen temor a denunciar: temor que entiendo perfectamente, porque si denuncian…la muerte, su muerte, es casi segura. Y lo digo con la mano puesta sobre mi corazón, mi corazón que se conmueve como si fuera un volcán en erupción, cuando mis ojos ven y mis oídos escuchan que…: otra mujer ha sido asesinada por su esposo, muere en su casa una mujer apuñalada por su marido, un hombre mata a la mujer con la que vivía, un hombre mata a su mujer y a sus tres hijos y después se suicida…

La Coruña, 21 de mayo de 2017

© Mariano Cabrero Bárcena